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Sobre la frontera
Al día siguiente se ofició el entierro. Eran cerca de las 7
y caía un majestuoso atardecer sobre los llanos y las planicies de
Massachussets. Se decidió que Jerôme sería enterrado en un árbol que miraba al
mar, que era una de sus grandes y secretas predilecciones, según comentó
Christine. En el entierro había unas 100 personas entre compañeros de
profesión, miembros de las Panteras y algunos jóvenes de los alrededores que
habían ido allí a presentar sus respetos a Jerôme tras leer su esquela en el
‘New York Times’. Y en primera línea estaban Christine, con su marido y sus
hijos a los que había llamado a Chicago para que vinieran, Micheal con su
novia, la editora del Tribune, los padres de Stella y Stella. Cuando terminó el
entierro algunos miembros de las Panteras entonaron el ‘Strange Fruit’ de
Billie Holiday. Pocos segundos después todos los asistentes lo estaban
cantando.
Era el año 1977. Stella seguía con su vida en Nueva York.
Había parido 2 hijos, Anna Christine y Martin Jerôme. Intentó rehacerse
sentimentalmente y salió con algunos hombres pero ninguno conseguía llenar
mínimamente el vacío que Jerôme había dejado. Como además la habían ascendido a
directora adjunta del hospital no necesitaba a ningún hombre para sacar a sus
hijos adelante así que decidió ejercer de madre soltera. En ese año el
presidente Jimmy Carter había convocado una gala en la que iba a investir a
título póstumo a Martin Luther King con la Medalla Presidencial
de la
Libertad. Inexplicablemente Stella había recibido una invitación
al evento que incluía un banquete y una gala honorífica. El presidente la
invitaba a ella y a sus hijos Anna Christine y Martin Jerôme a asistir al
evento en calidad de ‘invitados ilustres’. Cuando llegó allí y una vez
terminada la gala Stella fue custodiada por 3 agentes del servicio secreto
hasta el despacho oval, donde le esperaba el presidente Carter. Carter le dijo
que sabía muy bien su historia y la de su marido. Sin decir nada más rebuscó en
sus cajones y sacó una antiquísima pluma bañada en oro blanco. Se la dio y le
dijo:
“ Con esta pluma Abraham Lincoln firmó la paz con los
confederados en 1865. La llevaba en el bolsillo el día que le asesinaron.
Señorita, hay gente como el señor Luther King que ayudan a la humanidad y
aunque esta les quita la vida la historia les recompensa con días como el de
hoy. Pero también hay otras personas, como su marido, que escriben la historia
cada día y nos dejan sin que nos demos cuenta. Por eso le doy esta pluma,
porque a los ojos de la historia su marido ha escrito una gran página de la historia
americana y del ser humano. Desde la sombra, pero con letra firme y sin
renglones torcidos. Y por gente así merece la pena ser presidente de este país.
Gracias.
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Y de esta forma, el relato llega a su fin. Si alguien ha llegado a leerlo entero,espero que le haya gustado.