martes, 5 de junio de 2012

Microrrelato ( X )

La décima y última parte del relato,tras la novena.
http://noffside.blogspot.com.es/2012/06/microrrelato-ix.html


Sobre la frontera



Al día siguiente se ofició el entierro. Eran cerca de las 7 y caía un majestuoso atardecer sobre los llanos y las planicies de Massachussets. Se decidió que Jerôme sería enterrado en un árbol que miraba al mar, que era una de sus grandes y secretas predilecciones, según comentó Christine. En el entierro había unas 100 personas entre compañeros de profesión, miembros de las Panteras y algunos jóvenes de los alrededores que habían ido allí a presentar sus respetos a Jerôme tras leer su esquela en el ‘New York Times’. Y en primera línea estaban Christine, con su marido y sus hijos a los que había llamado a Chicago para que vinieran, Micheal con su novia, la editora del Tribune, los padres de Stella y Stella. Cuando terminó el entierro algunos miembros de las Panteras entonaron el ‘Strange Fruit’ de Billie Holiday. Pocos segundos después todos los asistentes lo estaban cantando.

Era el año 1977. Stella seguía con su vida en Nueva York. Había parido 2 hijos, Anna Christine y Martin Jerôme. Intentó rehacerse sentimentalmente y salió con algunos hombres pero ninguno conseguía llenar mínimamente el vacío que Jerôme había dejado. Como además la habían ascendido a directora adjunta del hospital no necesitaba a ningún hombre para sacar a sus hijos adelante así que decidió ejercer de madre soltera. En ese año el presidente Jimmy Carter había convocado una gala en la que iba a investir a título póstumo a Martin Luther King con la Medalla Presidencial de la Libertad. Inexplicablemente Stella había recibido una invitación al evento que incluía un banquete y una gala honorífica. El presidente la invitaba a ella y a sus hijos Anna Christine y Martin Jerôme a asistir al evento en calidad de ‘invitados ilustres’. Cuando llegó allí y una vez terminada la gala Stella fue custodiada por 3 agentes del servicio secreto hasta el despacho oval, donde le esperaba el presidente Carter. Carter le dijo que sabía muy bien su historia y la de su marido. Sin decir nada más rebuscó en sus cajones y sacó una antiquísima pluma bañada en oro blanco. Se la dio y le dijo:

“ Con esta pluma Abraham Lincoln firmó la paz con los confederados en 1865. La llevaba en el bolsillo el día que le asesinaron. Señorita, hay gente como el señor Luther King que ayudan a la humanidad y aunque esta les quita la vida la historia les recompensa con días como el de hoy. Pero también hay otras personas, como su marido, que escriben la historia cada día y nos dejan sin que nos demos cuenta. Por eso le doy esta pluma, porque a los ojos de la historia su marido ha escrito una gran página de la historia americana y del ser humano. Desde la sombra, pero con letra firme y sin renglones torcidos. Y por gente así merece la pena ser presidente de este país. Gracias. 

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Y de esta forma, el relato llega a su fin. Si alguien ha llegado a leerlo entero,espero que le haya gustado.

Microrrelato ( IX )

Novena y penúltima parte del relato, tras la octava:
http://noffside.blogspot.com.es/2012/06/microrrelato-viii.html


Sobre la frontera



Se oyó el disparo y la joven marabunta se asustó. Después oyeron más y percibieron que era algo que se asemejaba a los fuegos artificiales. Cuando se disponían a ejecutar a Christine llegó el sheriff y les avisó de que si lo hacían ellos también serían ejecutados. Les explico que el gobernador del estado estaba de visita en la ciudad de cara a las elecciones del año que viene y muchos medios estatales y nacionales le habían seguido. El gobernador, de nombre Charles Phelps, se había ganado cierta fama por hacer una firme defensa en distintos medios de la igualdad de oportunidades para todos los americanos sin distinción de algún tipo. En Tennessee no tenía gran fama pero sus múltiples contactos con la banca local y los terratenientes habían conseguido que la economía de la región se disparara los últimos 5 años y su reelección parecía casi asegurada. El gobernador tenía como premisa fundamental en los pueblos y ciudades que pasaba que no hubiera altercados de ningún tipo. De esta forma, el sheriff hizo liberar a Christine. Además le dio unos pocos dólares para que tomara un tren a cambio de que no volviera a pisar Chattanooga y Tennesse jamás. Christine tomó el primer tren dirección Chicago. Al parecer allí hizo vida hasta 1965 y consiguió un trabajo de secretaria para el fiscal del distrito, con el cual se terminó casando y teniendo un hijo y una hija.

Jerôme se despertó tras el golpe en medio de una planicie en frente de la carretera. Al levantarse podía ver el cartel que rezaba ‘Bienvenido a Chattanooga (donde solo la gentileza de sus gentes puede superar la belleza de su naturaleza)’. Tras recobrar bien el sentido del equilibrio y sufrir un par de flashbacks Jerôme recordó como había llegado hasta allí y que le había ocurrido a su hermana Christine (o, al menos, lo que creía que le había ocurrido). Decidió que era inútil buscar el cadáver de su hermana y que lo mejor que podía hacer para honrar sus memoria y la del resto de los Mayflower era convertirse en un hombre de provecho y que llegara a lo más alto desde las costumbre y la cultura afroamericanas. Corría el final del año 1959. Tras realizar algunos trabajillos en pueblos cercanos, Jerôme reunió el dinero suficiente para comprar un billete de autobús. Pero solo podía llegar hasta Filadelfia. Jerôme fue hasta Filadelfia. Allí trabajó hasta finales del verano de 1960 trapicheando y como conductor ocasional de camiones. Una vez consiguió suficiente dinero, emprendió el rumbo a Nueva York, donde quería ir desde un principio. Un mes después de su llegada conoció a Michael cuando Jerôme le socorrió en un atraco. Se hicieron rápidamente amigos y Michael consiguió que le contrataran en el puerto.

Cuando Christine terminó su parte del relato Stella apenas podía mantener el tipo. Se derrumbó a llorar sobre los brazos de Christine. Ambas sabían que Jerôme jamás descubrió que le pasó a su hermana y que ese fue uno de sus mayores acicates a la hora de actuar con los demás. Stella se secó las lágrimas con un pañuelo y se le dibujó en la cara una sonrisa que expresaba alivio por conocer el pasado de su difunto marido y orgullo por lo que había llegado a hacer. De repente le dijo algo a Christine:

-         ¿Puedo llamarte entonces cuñada? – dijo Stella en un tono socarrón y distendido.
-         Supongo que sí. Querida, tú puedes llamarme como quieras. – contestó Christine.
-         ¿Y puedo decirte algo? – preguntó Stella.
-         Claro, para eso está la familia. – replicó Christine.
-         Creo que además de cuñada vas a ser tía. – comentó Stella.
-         ¿En serio?¿Estás segura? – respondió sorprendida y alegre Christine.
-         Completamente. – zanjó Stella.

Ambas se fundieron en un cálido (y ahora familiar) abrazo. Christine le preguntó a Stella si se lo había comentado ya a sus padres, a lo que Stella le respondió que lo haría en breve. El día ya estaba cerca de su ocaso y el sol se despedía mirando a California. Eran cerca de las 6 de la tarde. Stella le explicó a sus padres la presencia de Christine y estos aceptaron alojarla durante la noche.


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La décima y última parte,al fin.

Microrrelato ( VIII )

Octava parte del relato,tras la séptima:
http://noffside.blogspot.com.es/2012/05/septima-parte-del-relatotras-la-sexta.html


Sobre la frontera



Pero un desafortunado día de 1957, cuando Martin (entonces ya Jerôme) tenía 16 años, un grupo de radicales irrumpieron en casa de los Mayflower. Poco después de los sucesos de Little Rock en Arkansas se desató una ola de violencia racial contra la población negra a lo largo de todos los estados sureños. Jerôme y Christine estaban bañándose en el río mientras el resto de la familia se había quedado en casa. Cuando Jerôme y Christine volvían a casa encontraron los cuerpos ahorcados en frente del porche de la casa familiar. Totalmente conmocionados decidieron que mientras Christine esperaba dentro de la casa Jerôme avisaría al sheriff. Cuando Jerôme visito la oficina del sheriff este le respondió con evasivas y le dijo que el asunto se salía de su jurisdicción y que tendría que esperar a que los federales se hicieran cargo del caso. Tras fracasar en su petición de ayuda fue a ver al padre Cartmichael, el sacerdote que regentaba la iglesia presbiteriana del pueblo, y este se mostró más evasivo aún que el sheriff y le dijo que esperaría  a que las autoridad tomaran las riendas para poder ayudarles. No obstante, se ofreció para alojar a Jerôme en la parroquia. Jerôme volvió a casa apesadumbrado y furioso con el mundo. Mientras descolgaba los cuerpos inertes de su familia tuvo una revelación.

Fue mientras descolgaba el cuerpo de su hermana Anna, que era con la que más relación tenía. Eran uña y carne ya que tenían la misma edad y hacían las mismas cosas. Mirando su rostro inexpresivo y sus apagados ojos verdosos observó la similitud de su nariz con la del padre Cartmichael y al mismo tiempo recordó que el padre solía guardar armas en la parroquia ya que él le ayudaba con labores comunitarias cuando era más joven y pasaba mucho tiempo en la parroquia. Se le revolvieron las tripas y estuvo a un paso de volver a la parroquia a desatar sus instintos más violentos, pero cesó en el empeño al acordarse de Christine. Cuando terminó de descolgar a todos fue a por una pala al cobertizo de la hacienda y enterró los cuerpos bajo la gran encina que había en el patio trasero de la casa. Pero no rezó ninguna plegaria, había perdido la fe. De hecho, desde entonces jamás había vuelto a pisar una iglesia y era lo único que aborrecía de la cultura negra y así lo mostraba siempre que podía en público. Después fue al cuarto de Christine. Ella seguía sollozando con la cabeza pegada a la almohada. Jerôme la abrazó, la dio un beso en la mejilla y le dijo que debían irse cuanto antes de la ciudad porque corrían un gran peligro y no tenían a nadie a quien acudir, al menos que estuviera dispuesto a ocuparse de los dos. Metieron unos pocos efectos personales en maletas y Jerôme le propuso a Christine que tomaran el fulgón de cola de un tren de mercancías para ir hacia el norte.

Su objetivo era Pennsylvania. Pero al pasar por Tennessee y acercarse a Chattanooga el tren se detuvo. Un grupo de radicales intentaba hacer un boicot al trasporte de mercancías con dirección a los estados del norte, los cuales eran vistos como los ‘amigos perversos de la gente de alma corrompida’. Jerôme y Christine fueron descubiertos por un granjero y este los presentó ante el cabecilla, el cual propuso llevarlos ante el sheriff del condado, en contra de la opinión mayoritaria de la camarilla (la cual tendría unos 60 miembros) de llevarlos a un prado y obligarles a ingerir hierba y heces de vaca para ejecutarlos después. Fueron apresados y llevados a la oficina del sheriff. Este los mandó encerrar en celdas separadas y de esta forma permanecieron durante 2 meses. En el mediodía de un domingo un grupo de unos 15 jóvenes de entre 18 y 22 años se coló en la oficina del sheriff y abrió la celda de Christine y la de Jerôme. Su primera reacción fue de alegría y agradecimiento pero rápidamente una chica pecosa y de pelo rojizo que bien podría haber sido la hermana de Jerôme y que parecía la jefa mandó apresar a Christine y a Jerôme. Jerôme se intentó revolver mientras soltaba gritos llenos de rabia e improperios y también de desesperación al ver como se llevaban a su hermana. Consiguió escabullirse y dejar noqueado a dos muchachos desgarbados pero rápidamente fue reducido por otros 4 de mayor presencia. Recibió un fuerte golpe en la cabeza con un palo mientras oía desde fuera lo que parecía un disparo y se le dibujaba una lágrima que le recorría toda la cara como el curso de un río atraviesa y desciende toda una montaña.

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Y ahora, la novena y penúltima

domingo, 20 de mayo de 2012

Microrrelato ( VII )

Séptima parte del relato,tras la sexta:


Sobre la frontera

Jerôme entró en una profunda cólera. Hizo el fotorreportaje más incendiario hasta el momento de Time y que curiosamente fue aceptado. Y después se encaminó a una marcha de protesta en Memphis con la reprobación total de Stella, a la que hizo caso omiso. La violencia se mascaba en el ambiente. Los manifestantes (de todas las razas) se lanzaron a destrozar todos los negocios de Memphis y se encaminaron a la comisaría de policía local con una irracional idea de hacer un linchamiento contra los cuerpos de policía. La policía se descontroló y abrió mangueras, lanzó botes lacrimógenos y utilizó  porras y otros objetos contundentes de manera indiscriminada. Jerôme se encaró con un policía y forcejearon. En medio del tumulto se oyó un disparo. La 9 milímetros reglamentaria del policía se disparó accidentalmente dejando inerte el cuerpo de Jerôme. Un gran caos e histeria se produjeron.

Días después, Stella se enteró de lo ocurrido leyendo los obituarios del New York Times que llenaron de loas y odas a Jerôme como colaborador ocasional y como fotoperiodista. Stella se derrumbó. Llamó a la comisaría de policía de Nueva York y estos confirmaron la muerte y la ofrecieron poder identificar el cuerpo y llevárselo para darle sepultura. Stella fue a la casa de campo de sus padres para encontrar apoyo. Era finales de verano del 68 y Stella y sus padres se preparaban para darle entierro a Jerôme. Había conseguido ponerse en contacto con Michael y este se apresuró a trasladarse hasta Massachussets para darle un último adiós a su amigo, casi su hermano. Al parecer también acudirían algunos amigos que Jerôme había dejado en ‘New Order’, ‘Time’, ‘New York Times’ y en el puerto. De repente alguien llamó a la puerta. Era una talluda y joven muchacha negra que se identificó como Christine. Dijo que venía desde Baton Rouge, Louisiana. Le dijo a Stella que había venido tras enterarse de la muerte de Jerôme. Ella le preguntó si era conocida o tenía relación. Christine le preguntó si podía pasar para hablar en privado. Stella aceptó. Se sentaron en el sofá del despacho del padre de Stella y Christine le dijo a Stella que conocía a Jerôme desde hacía mucho tiempo. Stella dijo que no sabía por qué. A Christine se le dibujó una expresión en la cara como si ya esperara esa respuesta. Le dijo a Stella que no tenía contacto con Jerôme desde hacía más de 10 años. Stella le preguntó qué nivel de relación tenía con Jerôme. Ella contestó que eran ‘familia’. Fue entonces cuando Christine empezó a contar la historia de Jerôme. La que le había llevado a Nueva York.

Jerôme, de nombre de nacimiento Martin, había quedado huérfano con 1 año, de padres de origen judío-alemán. Su madre murió en el parto y su padre fue llamado a filas en la Segunda Guerra Mundial y cayó en combate en Iwo Jima. Martin tuvo difícil encontrar un nuevo hogar de acogida. Su madre era una profesora de literatura francesa y de corte liberal, lo cual lo llevo a estar muy mal vista y a que la atribuyeran fama de mujer abierta en las relaciones sentimentales. Sobre el padre se cernían rumores de deserción y contraespionaje en colaboración con los japoneses. De esta forma, solo la familia de Christine, los Mayflower, aceptaron hacerse cargo del retoño que era Martin, que se crió con ese nombre hasta los 14, cuando lo cambió por otro más negro como Jerôme.

Con los Mayflower pudo ir a la escuela y aprendió a tocar el banjo y el piano gracias al abuelo Mayflower, Stan. Era una familia humilde y trabajadores, pero con aspiraciones muy ambiciosas. Los padres, Marcus y Marie, querían que al menos 1 de sus hijos pudiera ir a la universidad, ya fuera en Lousiana o en otro estado. Sus hijos, John, Christine y Anna iban a un colegio segregado pero se relacionaban todo lo que podían con toda clase de niños. Eran una piña y tenían facilidad para relacionarse. Prueba de ello es la rapidez con la que se integró Martin en la familia. En términos generales, la vida de los Mayflower fue bastante apacible dentro de la realidad de un estado sureño en la América de los años 40 y 50.

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La octava parte,cuando se pueda

Microrrelato ( VI )

Sexta parte del relato tras la quinta:
http://noffside.blogspot.com.es/2012/05/microrrelato-v.html


Sobre la frontera


Jerôme le dijo que estaba encantado con la noticia pero que no tenía pensado cambiar sus planes con el movimiento. Stella le contestó que ella lo aceptaba siempre y cuando no se moviera más de Nueva York y lo enfocara desde un ámbito más periodístico que de militante. Jerôme aceptó consciente de que no se podía alejar más de la mujer de su vida y menos cuando esta se le había presentado con el corazón abierto. De esta forma, Jerôme y Stella se casaron por lo civil en Nueva York y por lo religioso en una iglesia episcopaliana de Boston en una íntima ceremonia a la que solo acudieron los padres de Stella y Michael como padrino de Jerôme.

Corría el otoño del año 1966. Las cosas no podían irle mejor a Jerôme. Le habían ascendido a jefe de fotografía en la delegación neoyorkina de Time y Stella había obtenido el puesto de jefa de planta en su hospital. Un auténtico hito para ella, una mujer negra en medio de un mundo de hombres blancos. Además Michael había conseguido el puesto de redactor jefe en la sección de opinión del New York Times, pero lo rechazó para aceptar el puesto de director adjunto del Chicago Tribune, lo cual propició su traslado. Un traslado que afecto a Jerôme, que por un lado veía irse a su mejor amigo pero por otro se alegraba de que hubiera triunfado como se merecía.

Y llegó el momento crucial de la vida de Jerôme. Empiezaba el año 1968 y muchas cosas habían cambiado. Jerôme ya no solo escuchaba a Berry o Armstrong. Había empezado a escuchar a los Beatles, los Rolling Stones, The Who, The Beach Boys o The Velvet Underground. Ahora leía literatura más contemporánea como a Faulkner, Sartre o Le-Carré y no iba tanto al teatro ya que había empezado a ir más al cine a ver obras sobre cowboys como las de John Ford o Howard Hawks. Y también comenzó a ver a John Huston, Stanley Kubrick o Alfred Hitschcock. Pero todo sin ello sin renunciar a las películas de Sidney Poitier. Ahora ya no seguía tanto el baseball y le empezaba a llamar más la atención el baloncesto y el tenis.

Y lo más importante, se planteaba cambiar de aires para ir a trabajar a California o a Chicago, una ciudad que le atraía mucho. O incluso a Europa ya que París, Milán o Londres le llamaban mucho la atención. Estaba claro que había cambiado, y también Stella. A su amor pasional habían unido otro más maduro y emocional que les había aportado otra visión de las cosas. Hasta parecía que Jerôme había encajado con bastante naturalidad la muerte de 2 de sus grandes ídolos como Coltrane y Redding el año pasado a manos del duro puño del destino. Pero en abril murió King. Murió un sueño, su sueño. Quizá ya no lo vivía con tanta intensidad pero le había hecho como era ahora. Ese hombre triunfador con una bella e inteligente mujer al lado.

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Y ahora, la séptima parte

sábado, 5 de mayo de 2012

Microrrelato ( V )

Quinta parte del microrrelato tras la cuarta:


Sobre la frontera

Ahora él y Michael están en la cima. Y subirián aún más con un reportaje a modo de triple entrevista a 3 grandes personalidades como Muhammed Ali (tras alistarse en la Nación del Islam al igual que hiciera Malcolm X), Sam Cooke (que sería su última entrevista) y a Martin Luther King. El reportaje era fruto de una revolucionaria colaboración Time-New York Times sobre grandes personalidad de la comunidad negra. Tanto Jerôme como Michael quedaron impresionados tras las entrevistas con los 3. Muhammed ya empezaba con su cruzada negra particular tras ganar el oro olímpico, Cooke hablaba de que ya tenía entre manos un gran éxito para lanzarlo el año que viene y King estaba a punto de ganar el Nobel. Los 60 parecían la década de explosión del movimiento negro. Pero quien realmente se quedo impresionado fue Jerôme con los testimonios de King. Con los relatos del juicio de Brown, la valentía de Rosa Parks, los trágicos incidentes de Birmingham o la marcha sobre Washington ante Kennedy el año pasado.

Jerôme siempre había tenido una comunión especial con la causa negra. Pero no fue hasta hablar con King cuando decidió pasar a la acción. Pocas semanas después decidió alistarse con los ‘Panteras Negras’, algo de lo que Michael intentó disuadirle de todas las maneras. Le advirtió de que había formas más seguras de obtener justicia. Un discurso muy similar oyó de labios de Stella, la cual había llegado a un punto en el que la vida de Jerôme le importaba tanto o más que la suya. No tan comprensivos se mostraron los padres de Stella que, aún siendo negros también, renegaban de muchas maneras de los Panteras, sobre todo por lo peligroso de sus operaciones. Especialmente intransigente se mostró el padre de Stella, Thomas, con las pretensiones de Jerôme.

-         ¿Qué demonios quieres muchacho? ¿Dejar hundida y viuda a mi hija? Si vas por ese camino te matarán. Si esos son tus planes desde luego olvídate de mi hija. – esas fueron las duras palabras de Thomas.
-         Usted no es quién para interponerse en eso ni en mis actos. Parece mentira que sea negro. Pensé que lo entendería mejor que nadie. – replicó Jerôme.

Se hizo un silencio sepulcral en la casa de Massachussets de Stella, a la que Jerôme había acudido para pedir la mano de Stella a sus padres. Thomas echó de la casa a Jerôme y este se fue a coger un bus que le llevara a Boston para volver a Nueva York. Era ya invierno en 1964 y Cooke acababa de morir. Volviendo a Nueva York Jerôme se enteró de la noticia y se acordó de la entrevista que le había hecho meses atrás. En esas navidades Jerôme decidió tomar un papel más activo con el movimiento de las Panteras. Consiguió que Time le pagara viajes a diferentes zonas del país como Chicago, California o los estados sureños con la excusa de realizar reportajes de corte social sobre los disturbios. Además de realizar estos fotorreportajes que le dieron más fama en Time y otros medios de Nueva York Jerôme asistió a manifestaciones, reyertas o boicots y fue en más de una ocasión encarcelado durante días por alteración del orden público.


Ya eran finales del año 65 y Jerôme lleva casi 10 meses sin saber nada de Stella. La echaba mucho de menos pero sabía que su padre y sus ideales estaban fuertemente enfrentados y no estaba dispuesto a tener que elegir. Y si ya lo había hecho, su decisión era evidente. Pero de pronto se encontró con Stella en una tarde otoñal paseando por uno de esos frondosos parques de Queens. De una forma perfectamente sincronizada se acercaron mutuamente y sin mediar palabra se fundieron en un beso tan prolongado como intenso. Se sentaron en un banco y ella le explicó que estaba a punto de terminar la carrera de medicina y que tenía pensado ejercer en Nueva York. Le dijo que se lo había comunicado a sus padres y que quería casarse con Jerôme. También que ellos no lo entendían del todo pero lo respetaban (sobre todo Jeanette) y que ella sabía lo que hacía porque ya tenía edad para tomar sus propias decisiones. Jerôme casi rompió a llorar de la emoción y fue secundado por Stella mientras se fundían en otro inacabable beso mientras se abrazaban poderosamente.

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La sexta en breve, si Dios quiere

Microrrelato ( IV )

Cuarta parte del microrrelato tras la tercera:
http://noffside.blogspot.com.es/2012/03/microrrelato-iii.html


Sobre la frontera


Continuaron hablando y Jerôme consiguió saber de Stella que estaba estudiando Medicina en Columbia, que tenía 23 años y que sus padres se llamaban Thomas y Jeanette. Además descubrió que también compartía muchos de sus gustos, en concreto los referentes a literatura y arte. Supo que había llegado hasta allí ras haber recibido plantón de una amiga con la que había quedado para celebrar sus éxitos en los recientes exámenes que habían realizado. Pero a diferencia de Jerôme, Stella procedía de Massachussets y por eso estuvo a punto de entrar en Harvard, pero decidió ir a Columbia ‘para abrir su mundo’ ya que Berkeley la alejaba demasiado de su familia. Desde el primer momento se podía percibir una gran complicidad entre ellos, llegando a momentos en los que unos terminaba la frase del otro. Jerôme se moderó en su previsto exceso consumo de alcohol para no darle mala impresión a Stella pero ambos bebieron los justo para ponerse a tono.

Eran las 2 de la madrugada y Jerôme le preguntó a Stella si vivía en una residencia o en un piso con otros estudiantes. Stella le contestó diciéndole que prefería saber donde vivía él. De esta forma, tomaron uno de los últimos buses que llevaban de nuevo a Long Island y allí Jerôme llevó a Stella a su casa. Allí desataron toda la pasión que habían estado cocinando toda la noche. A la mañana siguiente Jerôme se despertó con Stella levemente tapada por la sábana rodeándolo con los brazos y curiosamente no se sintió extraño. Y esto es lo extraño dada la introversión de Jerôme y su poco gusto de llevar mujeres a casa, aunque gustara de tener relaciones con estás de forma esporádica. Pero era la primera vez desde que estaba en Nueva York que una mujer pisaba su casa. Y no le molestó. Eso era lo sorprendente y probablemente era indicatorio de algo. De algo que no sabía muy bien lo que era, pero que no le desagradaba, sino mas bien todo lo contrario.

Como era domingo y los 2 tenían el día libre decidieron ir a desayunar a una cafetería cercana y Stella le propuso aprovechar el sorprendente día soleado y templado del invierno neoyorkino en Central Park, a lo que Jerôme aceptó de buena gana. Ambos tenían la impresión de que algo estaba a punto de comenzar entre ellos.

Es una calurosa mañana primaveral de 1964. Jerôme lleva más de años saliendo con Stella y se plantea seriamente la opción de casarse. Ahora tiene un gran trabajo en ‘Time’ a tiempo completo y colabora de forma parcial con ‘New Order’, lo cual le permitió abandonar el puerto. La mafia le había encumbrado a él y a su gran amigo Michael a la cima y hundido en el pozo al jefe de policía, al alcalde y el jefe de la mayor familia del Bronx.


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Y ahora, la quinta