martes, 5 de junio de 2012

Microrrelato ( IX )

Novena y penúltima parte del relato, tras la octava:
http://noffside.blogspot.com.es/2012/06/microrrelato-viii.html


Sobre la frontera



Se oyó el disparo y la joven marabunta se asustó. Después oyeron más y percibieron que era algo que se asemejaba a los fuegos artificiales. Cuando se disponían a ejecutar a Christine llegó el sheriff y les avisó de que si lo hacían ellos también serían ejecutados. Les explico que el gobernador del estado estaba de visita en la ciudad de cara a las elecciones del año que viene y muchos medios estatales y nacionales le habían seguido. El gobernador, de nombre Charles Phelps, se había ganado cierta fama por hacer una firme defensa en distintos medios de la igualdad de oportunidades para todos los americanos sin distinción de algún tipo. En Tennessee no tenía gran fama pero sus múltiples contactos con la banca local y los terratenientes habían conseguido que la economía de la región se disparara los últimos 5 años y su reelección parecía casi asegurada. El gobernador tenía como premisa fundamental en los pueblos y ciudades que pasaba que no hubiera altercados de ningún tipo. De esta forma, el sheriff hizo liberar a Christine. Además le dio unos pocos dólares para que tomara un tren a cambio de que no volviera a pisar Chattanooga y Tennesse jamás. Christine tomó el primer tren dirección Chicago. Al parecer allí hizo vida hasta 1965 y consiguió un trabajo de secretaria para el fiscal del distrito, con el cual se terminó casando y teniendo un hijo y una hija.

Jerôme se despertó tras el golpe en medio de una planicie en frente de la carretera. Al levantarse podía ver el cartel que rezaba ‘Bienvenido a Chattanooga (donde solo la gentileza de sus gentes puede superar la belleza de su naturaleza)’. Tras recobrar bien el sentido del equilibrio y sufrir un par de flashbacks Jerôme recordó como había llegado hasta allí y que le había ocurrido a su hermana Christine (o, al menos, lo que creía que le había ocurrido). Decidió que era inútil buscar el cadáver de su hermana y que lo mejor que podía hacer para honrar sus memoria y la del resto de los Mayflower era convertirse en un hombre de provecho y que llegara a lo más alto desde las costumbre y la cultura afroamericanas. Corría el final del año 1959. Tras realizar algunos trabajillos en pueblos cercanos, Jerôme reunió el dinero suficiente para comprar un billete de autobús. Pero solo podía llegar hasta Filadelfia. Jerôme fue hasta Filadelfia. Allí trabajó hasta finales del verano de 1960 trapicheando y como conductor ocasional de camiones. Una vez consiguió suficiente dinero, emprendió el rumbo a Nueva York, donde quería ir desde un principio. Un mes después de su llegada conoció a Michael cuando Jerôme le socorrió en un atraco. Se hicieron rápidamente amigos y Michael consiguió que le contrataran en el puerto.

Cuando Christine terminó su parte del relato Stella apenas podía mantener el tipo. Se derrumbó a llorar sobre los brazos de Christine. Ambas sabían que Jerôme jamás descubrió que le pasó a su hermana y que ese fue uno de sus mayores acicates a la hora de actuar con los demás. Stella se secó las lágrimas con un pañuelo y se le dibujó en la cara una sonrisa que expresaba alivio por conocer el pasado de su difunto marido y orgullo por lo que había llegado a hacer. De repente le dijo algo a Christine:

-         ¿Puedo llamarte entonces cuñada? – dijo Stella en un tono socarrón y distendido.
-         Supongo que sí. Querida, tú puedes llamarme como quieras. – contestó Christine.
-         ¿Y puedo decirte algo? – preguntó Stella.
-         Claro, para eso está la familia. – replicó Christine.
-         Creo que además de cuñada vas a ser tía. – comentó Stella.
-         ¿En serio?¿Estás segura? – respondió sorprendida y alegre Christine.
-         Completamente. – zanjó Stella.

Ambas se fundieron en un cálido (y ahora familiar) abrazo. Christine le preguntó a Stella si se lo había comentado ya a sus padres, a lo que Stella le respondió que lo haría en breve. El día ya estaba cerca de su ocaso y el sol se despedía mirando a California. Eran cerca de las 6 de la tarde. Stella le explicó a sus padres la presencia de Christine y estos aceptaron alojarla durante la noche.


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La décima y última parte,al fin.

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