martes, 5 de junio de 2012

Microrrelato ( X )

La décima y última parte del relato,tras la novena.
http://noffside.blogspot.com.es/2012/06/microrrelato-ix.html


Sobre la frontera



Al día siguiente se ofició el entierro. Eran cerca de las 7 y caía un majestuoso atardecer sobre los llanos y las planicies de Massachussets. Se decidió que Jerôme sería enterrado en un árbol que miraba al mar, que era una de sus grandes y secretas predilecciones, según comentó Christine. En el entierro había unas 100 personas entre compañeros de profesión, miembros de las Panteras y algunos jóvenes de los alrededores que habían ido allí a presentar sus respetos a Jerôme tras leer su esquela en el ‘New York Times’. Y en primera línea estaban Christine, con su marido y sus hijos a los que había llamado a Chicago para que vinieran, Micheal con su novia, la editora del Tribune, los padres de Stella y Stella. Cuando terminó el entierro algunos miembros de las Panteras entonaron el ‘Strange Fruit’ de Billie Holiday. Pocos segundos después todos los asistentes lo estaban cantando.

Era el año 1977. Stella seguía con su vida en Nueva York. Había parido 2 hijos, Anna Christine y Martin Jerôme. Intentó rehacerse sentimentalmente y salió con algunos hombres pero ninguno conseguía llenar mínimamente el vacío que Jerôme había dejado. Como además la habían ascendido a directora adjunta del hospital no necesitaba a ningún hombre para sacar a sus hijos adelante así que decidió ejercer de madre soltera. En ese año el presidente Jimmy Carter había convocado una gala en la que iba a investir a título póstumo a Martin Luther King con la Medalla Presidencial de la Libertad. Inexplicablemente Stella había recibido una invitación al evento que incluía un banquete y una gala honorífica. El presidente la invitaba a ella y a sus hijos Anna Christine y Martin Jerôme a asistir al evento en calidad de ‘invitados ilustres’. Cuando llegó allí y una vez terminada la gala Stella fue custodiada por 3 agentes del servicio secreto hasta el despacho oval, donde le esperaba el presidente Carter. Carter le dijo que sabía muy bien su historia y la de su marido. Sin decir nada más rebuscó en sus cajones y sacó una antiquísima pluma bañada en oro blanco. Se la dio y le dijo:

“ Con esta pluma Abraham Lincoln firmó la paz con los confederados en 1865. La llevaba en el bolsillo el día que le asesinaron. Señorita, hay gente como el señor Luther King que ayudan a la humanidad y aunque esta les quita la vida la historia les recompensa con días como el de hoy. Pero también hay otras personas, como su marido, que escriben la historia cada día y nos dejan sin que nos demos cuenta. Por eso le doy esta pluma, porque a los ojos de la historia su marido ha escrito una gran página de la historia americana y del ser humano. Desde la sombra, pero con letra firme y sin renglones torcidos. Y por gente así merece la pena ser presidente de este país. Gracias. 

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Y de esta forma, el relato llega a su fin. Si alguien ha llegado a leerlo entero,espero que le haya gustado.

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