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Sobre la frontera
Pero un desafortunado día de 1957, cuando Martin (entonces
ya Jerôme) tenía 16 años, un grupo de radicales irrumpieron en casa de los
Mayflower. Poco después de los sucesos de Little Rock en Arkansas se desató una
ola de violencia racial contra la población negra a lo largo de todos los
estados sureños. Jerôme y Christine estaban bañándose en el río mientras el
resto de la familia se había quedado en casa. Cuando Jerôme y Christine volvían
a casa encontraron los cuerpos ahorcados en frente del porche de la casa
familiar. Totalmente conmocionados decidieron que mientras Christine esperaba
dentro de la casa Jerôme avisaría al sheriff. Cuando Jerôme visito la oficina
del sheriff este le respondió con evasivas y le dijo que el asunto se salía de
su jurisdicción y que tendría que esperar a que los federales se hicieran cargo
del caso. Tras fracasar en su petición de ayuda fue a ver al padre Cartmichael,
el sacerdote que regentaba la iglesia presbiteriana del pueblo, y este se
mostró más evasivo aún que el sheriff y le dijo que esperaría a que las autoridad tomaran las riendas para
poder ayudarles. No obstante, se ofreció para alojar a Jerôme en la parroquia.
Jerôme volvió a casa apesadumbrado y furioso con el mundo. Mientras descolgaba
los cuerpos inertes de su familia tuvo una revelación.
Fue mientras descolgaba el cuerpo de su hermana Anna, que
era con la que más relación tenía. Eran uña y carne ya que tenían la misma edad
y hacían las mismas cosas. Mirando su rostro inexpresivo y sus apagados ojos
verdosos observó la similitud de su nariz con la del padre Cartmichael y al
mismo tiempo recordó que el padre solía guardar armas en la parroquia ya que él
le ayudaba con labores comunitarias cuando era más joven y pasaba mucho tiempo
en la parroquia. Se le revolvieron las tripas y estuvo a un paso de volver a la
parroquia a desatar sus instintos más violentos, pero cesó en el empeño al
acordarse de Christine. Cuando terminó de descolgar a todos fue a por una pala
al cobertizo de la hacienda y enterró los cuerpos bajo la gran encina que había
en el patio trasero de la casa. Pero no rezó ninguna plegaria, había perdido la
fe. De hecho, desde entonces jamás había vuelto a pisar una iglesia y era lo
único que aborrecía de la cultura negra y así lo mostraba siempre que podía en
público. Después fue al cuarto de Christine. Ella seguía sollozando con la
cabeza pegada a la almohada. Jerôme la abrazó, la dio un beso en la mejilla y
le dijo que debían irse cuanto antes de la ciudad porque corrían un gran
peligro y no tenían a nadie a quien acudir, al menos que estuviera dispuesto a
ocuparse de los dos. Metieron unos pocos efectos personales en maletas y Jerôme
le propuso a Christine que tomaran el fulgón de cola de un tren de mercancías
para ir hacia el norte.
Su objetivo era Pennsylvania. Pero al pasar por Tennessee y
acercarse a Chattanooga el tren se detuvo. Un grupo de radicales intentaba
hacer un boicot al trasporte de mercancías con dirección a los estados del
norte, los cuales eran vistos como los ‘amigos perversos de la gente de alma
corrompida’. Jerôme y Christine fueron descubiertos por un granjero y este los
presentó ante el cabecilla, el cual propuso llevarlos ante el sheriff del
condado, en contra de la opinión mayoritaria de la camarilla (la cual tendría
unos 60 miembros) de llevarlos a un prado y obligarles a ingerir hierba y heces
de vaca para ejecutarlos después. Fueron apresados y llevados a la oficina del
sheriff. Este los mandó encerrar en celdas separadas y de esta forma
permanecieron durante 2 meses. En el mediodía de un domingo un grupo de unos 15
jóvenes de entre 18 y 22 años se coló en la oficina del sheriff y abrió la
celda de Christine y la de Jerôme. Su primera reacción fue de alegría y
agradecimiento pero rápidamente una chica pecosa y de pelo rojizo que bien
podría haber sido la hermana de Jerôme y que parecía la jefa mandó apresar a
Christine y a Jerôme. Jerôme se intentó revolver mientras soltaba gritos llenos
de rabia e improperios y también de desesperación al ver como se llevaban a su
hermana. Consiguió escabullirse y dejar noqueado a dos muchachos desgarbados
pero rápidamente fue reducido por otros 4 de mayor presencia. Recibió un fuerte
golpe en la cabeza con un palo mientras oía desde fuera lo que parecía un
disparo y se le dibujaba una lágrima que le recorría toda la cara como el curso
de un río atraviesa y desciende toda una montaña.
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Y ahora, la novena y penúltima
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