Sobre la frontera
Ahora él y Michael están en la cima. Y subirián aún más con
un reportaje a modo de triple entrevista a 3 grandes personalidades como
Muhammed Ali (tras alistarse en la
Nación del Islam al igual que hiciera Malcolm X), Sam Cooke
(que sería su última entrevista) y a Martin Luther King. El reportaje era fruto
de una revolucionaria colaboración Time-New York Times sobre grandes
personalidad de la comunidad negra. Tanto Jerôme como Michael quedaron
impresionados tras las entrevistas con los 3. Muhammed ya empezaba con su
cruzada negra particular tras ganar el oro olímpico, Cooke hablaba de que ya
tenía entre manos un gran éxito para lanzarlo el año que viene y King estaba a
punto de ganar el Nobel. Los 60 parecían la década de explosión del movimiento
negro. Pero quien realmente se quedo impresionado fue Jerôme con los
testimonios de King. Con los relatos del juicio de Brown, la valentía de Rosa
Parks, los trágicos incidentes de Birmingham o la marcha sobre Washington ante
Kennedy el año pasado.
Jerôme siempre había tenido una comunión especial con la
causa negra. Pero no fue hasta hablar con King cuando decidió pasar a la
acción. Pocas semanas después decidió alistarse con los ‘Panteras Negras’, algo
de lo que Michael intentó disuadirle de todas las maneras. Le advirtió de que
había formas más seguras de obtener justicia. Un discurso muy similar oyó de
labios de Stella, la cual había llegado a un punto en el que la vida de Jerôme
le importaba tanto o más que la suya. No tan comprensivos se mostraron los
padres de Stella que, aún siendo negros también, renegaban de muchas maneras de
los Panteras, sobre todo por lo peligroso de sus operaciones. Especialmente
intransigente se mostró el padre de Stella, Thomas, con las pretensiones de
Jerôme.
-
¿Qué demonios quieres muchacho? ¿Dejar hundida y viuda a
mi hija? Si vas por ese camino te matarán. Si esos son tus planes desde luego
olvídate de mi hija. – esas fueron las duras palabras de Thomas.
-
Usted no es quién para interponerse en eso ni en mis
actos. Parece mentira que sea negro. Pensé que lo entendería mejor que nadie. –
replicó Jerôme.
Se hizo un silencio sepulcral en la casa de Massachussets de
Stella, a la que Jerôme había acudido para pedir la mano de Stella a sus
padres. Thomas echó de la casa a Jerôme y este se fue a coger un bus que le
llevara a Boston para volver a Nueva York. Era ya invierno en 1964 y Cooke
acababa de morir. Volviendo a Nueva York Jerôme se enteró de la noticia y se
acordó de la entrevista que le había hecho meses atrás. En esas navidades
Jerôme decidió tomar un papel más activo con el movimiento de las Panteras.
Consiguió que Time le pagara viajes a diferentes zonas del país como Chicago,
California o los estados sureños con la excusa de realizar reportajes de corte
social sobre los disturbios. Además de realizar estos fotorreportajes que le
dieron más fama en Time y otros medios de Nueva York Jerôme asistió a
manifestaciones, reyertas o boicots y fue en más de una ocasión encarcelado
durante días por alteración del orden público.
Ya eran finales del año 65 y Jerôme lleva casi 10 meses sin
saber nada de Stella. La echaba mucho de menos pero sabía que su padre y sus
ideales estaban fuertemente enfrentados y no estaba dispuesto a tener que
elegir. Y si ya lo había hecho, su decisión era evidente. Pero de pronto se
encontró con Stella en una tarde otoñal paseando por uno de esos frondosos
parques de Queens. De una forma perfectamente sincronizada se acercaron
mutuamente y sin mediar palabra se fundieron en un beso tan prolongado como
intenso. Se sentaron en un banco y ella le explicó que estaba a punto de
terminar la carrera de medicina y que tenía pensado ejercer en Nueva York. Le
dijo que se lo había comunicado a sus padres y que quería casarse con Jerôme. También
que ellos no lo entendían del todo pero lo respetaban (sobre todo Jeanette) y
que ella sabía lo que hacía porque ya tenía edad para tomar sus propias
decisiones. Jerôme casi rompió a llorar de la emoción y fue secundado por
Stella mientras se fundían en otro inacabable beso mientras se abrazaban
poderosamente.
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La sexta en breve, si Dios quiere
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