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Sobre la frontera
Jerôme le dijo que estaba encantado con la noticia pero que
no tenía pensado cambiar sus planes con el movimiento. Stella le contestó que
ella lo aceptaba siempre y cuando no se moviera más de Nueva York y lo enfocara
desde un ámbito más periodístico que de militante. Jerôme aceptó consciente de
que no se podía alejar más de la mujer de su vida y menos cuando esta se le
había presentado con el corazón abierto. De esta forma, Jerôme y Stella se
casaron por lo civil en Nueva York y por lo religioso en una iglesia
episcopaliana de Boston en una íntima ceremonia a la que solo acudieron los padres
de Stella y Michael como padrino de Jerôme.
Corría el otoño del año 1966. Las cosas no podían irle mejor
a Jerôme. Le habían ascendido a jefe de fotografía en la delegación neoyorkina
de Time y Stella había obtenido el puesto de jefa de planta en su hospital. Un
auténtico hito para ella, una mujer negra en medio de un mundo de hombres
blancos. Además Michael había conseguido el puesto de redactor jefe en la
sección de opinión del New York Times, pero lo rechazó para aceptar el puesto
de director adjunto del Chicago Tribune, lo cual propició su traslado. Un
traslado que afecto a Jerôme, que por un lado veía irse a su mejor amigo pero
por otro se alegraba de que hubiera triunfado como se merecía.
Y llegó el momento crucial de la vida de Jerôme. Empiezaba
el año 1968 y muchas cosas habían cambiado. Jerôme ya no solo escuchaba a Berry
o Armstrong. Había empezado a
escuchar a los Beatles, los Rolling Stones, The Who, The Beach Boys o The
Velvet Underground. Ahora leía literatura más contemporánea como a Faulkner,
Sartre o Le-Carré y no iba tanto al teatro ya que había empezado a ir más al
cine a ver obras sobre cowboys como las de John Ford o Howard Hawks. Y también
comenzó a ver a John Huston, Stanley Kubrick o Alfred Hitschcock. Pero todo sin
ello sin renunciar a las películas de Sidney Poitier. Ahora ya no seguía tanto
el baseball y le empezaba a llamar más la atención el baloncesto y el tenis.
Y lo más importante, se planteaba cambiar de aires para ir a
trabajar a California o a Chicago, una ciudad que le atraía mucho. O incluso a
Europa ya que París, Milán o Londres le llamaban mucho la atención. Estaba
claro que había cambiado, y también Stella. A su amor pasional habían unido
otro más maduro y emocional que les había aportado otra visión de las cosas.
Hasta parecía que Jerôme había encajado con bastante naturalidad la muerte de 2
de sus grandes ídolos como Coltrane y Redding el año pasado a manos del duro
puño del destino. Pero en abril murió King. Murió un sueño, su sueño. Quizá ya
no lo vivía con tanta intensidad pero le había hecho como era ahora. Ese hombre
triunfador con una bella e inteligente mujer al lado.
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Y ahora, la séptima parte
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