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Sobre la frontera
Continuaron hablando y Jerôme consiguió saber de Stella que
estaba estudiando Medicina en Columbia, que tenía 23 años y que sus padres se
llamaban Thomas y Jeanette. Además descubrió que también compartía muchos de
sus gustos, en concreto los referentes a literatura y arte. Supo que había
llegado hasta allí ras haber recibido plantón de una amiga con la que había
quedado para celebrar sus éxitos en los recientes exámenes que habían
realizado. Pero a diferencia de Jerôme, Stella procedía de Massachussets y por
eso estuvo a punto de entrar en Harvard, pero decidió ir a Columbia ‘para abrir
su mundo’ ya que Berkeley la alejaba demasiado de su familia. Desde el primer
momento se podía percibir una gran complicidad entre ellos, llegando a momentos
en los que unos terminaba la frase del otro. Jerôme se moderó en su previsto
exceso consumo de alcohol para no darle mala impresión a Stella pero ambos
bebieron los justo para ponerse a tono.
Eran las 2 de la madrugada y Jerôme le preguntó a Stella si
vivía en una residencia o en un piso con otros estudiantes. Stella le contestó
diciéndole que prefería saber donde vivía él. De esta forma, tomaron uno de los
últimos buses que llevaban de nuevo a Long Island y allí Jerôme llevó a Stella
a su casa. Allí desataron toda la pasión que habían estado cocinando toda la
noche. A la mañana siguiente Jerôme se despertó con Stella levemente tapada por
la sábana rodeándolo con los brazos y curiosamente no se sintió extraño. Y esto
es lo extraño dada la introversión de Jerôme y su poco gusto de llevar mujeres
a casa, aunque gustara de tener relaciones con estás de forma esporádica. Pero
era la primera vez desde que estaba en Nueva York que una mujer pisaba su casa.
Y no le molestó. Eso era lo sorprendente y probablemente era indicatorio de
algo. De algo que no sabía muy bien lo que era, pero que no le desagradaba,
sino mas bien todo lo contrario.
Como era domingo y los 2 tenían el día libre decidieron ir a
desayunar a una cafetería cercana y Stella le propuso aprovechar el
sorprendente día soleado y templado del invierno neoyorkino en Central Park, a
lo que Jerôme aceptó de buena gana. Ambos tenían la impresión de que algo
estaba a punto de comenzar entre ellos.
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Y ahora, la quinta
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